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Sueño Cabrón

Confiado de nuestro amor la dejé a solas con ese chico de acento indefinido que tan amable se había ofrecido a enseñarnos los alrededores del hotel, me dirigía a realizar aquel ultimo recado, con ese aire triunfador de quien orgulloso piensa en su amada, recorrí las estrechas callejuelas intentando retener en la memoria cada quiebro de esquina a fin de deshacer el camino después con la máxima brevedad posible, cuando me encontré con mi editor bien supuse que el tiempo estimado se iba a prolongar más de lo deseado, allí le entregué el manuscrito de la novela, pronto los minutos de cortesía se convirtieron en horas, ¿al fin y al cabo de que sirve la vanidad masculina si no se puede compartir?… entretanto una fuerte lluvia golpeaba el polvoriento suelo de la calle, formando un reguero de agua cuesta abajo, lo que súbitamente me recordó que ella estaba allí esperándome, sentí un desagradable vacío en el estómago, mi móvil a pesar de la demora no había sonado. Lancé un billete de 10 sobre la mesa y me despedí de Daniel con aspavientos.Maldita lluvia y maldita memoria la mía, no recordaba el camino de vuelta al hotel, después de toparme con un par de calles sin salida finalmente lo reconocí,  aquel punto de referencia que por arte de magia refrescó mi memoria, dos minutos mas tarde entré donde tres horas antes les había dejado conversando, he de confesar que deseaba que me recibiese con desagrado y tedio por mi tardanza. Ah! Qué inocente y equivocado regocijo en mi autoestima esperaba recibir!….Los divisé a lo lejos sonrientes apoyados en la barra del local dispuestos a pedir algún tipo de alimento que llevarse a la boca, desde mi posición alejada ya se podía adivinar ese ambiente cómplice que les enmarcaba y los distinguía del resto del personal que buenamente soportaban un día de lo más anodino. Él le susurraba algo al oído con una ceja arqueada adoptando aquella pose de quien hace alarde de su más sutil sarcasmo. Sentí doblemente una puñalada que ardía en mi estómago al verla jugueteando con su dedo índice entre el tabaco picado debidamente distribuido en el papel de arroz sobre la barra del bar, mientras él sin perder aquella estúpida pose le daba indicaciones para liar un buen cigarrillo, ah! Que hilaridad, ella que detesta el tabaco!.Me quedé rezagado decelerando mis pasos, dilatando al máximo aquel encuentro presa de todos mis temores, cuando de repente ella se alejó de la barra para dirigirse a la máquina de refrescos que quedaba a escasos metros de mí. Pasó por mi lado con la mirada distraída en su bolso de mano procurando recuperar de él algunas monedas sueltas. Seguía manteniendo en su rostro la sonrisa que aun guardaba el recuerdo de las palabras que segundos atrás le habían susurrado. Al pasar por mi lado sin advertir mi presencia me recorrió un escalofrío, pronuncié su nombre pero las palabras se ahogaron paralizadas en mi garganta en lo que fue un grito inaudible, me apresuré  a pronunciar de nuevo su nombre atropelladamente, esta vez más alto, cuando reparó en mi presencia retirando la mirada del bolso la así por la cintura y bruscamente con la mano que me quedó libre por detrás de su cabeza la empujé hacia mí, ¡¿porqué me resultaba mas bella cuando no podía poseerla?!, ella se zafó de mis desesperados intentos de besarla. En su rostro aun acalorado por el leve forcejeo se dibujo un semblante de rechazo.-bésame, le dije con tono exigente, bésame le insistí. -Mira , no he venido a este sucio pueblo con la intención de quedarme (su uso del singular me enfurecía), como bien sabes aun no he cobrado este mes y me resulta imposible costearme el hotel. -Eso es irrelevante le repliqué, ahora bésame…Nos miramos con hondo pesar, se estaba despidiendo de mi.

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